Saturday, June 11, 2011

Tan sólo grita mi nombre

Piénsalo. Hay determinadas cosas que jamás olvidarás. Por mucho que trates de hacerlo, permanecerán en tu mente durante el resto de tu vida. Formarán parte del baúl mental de tus recuerdos. Míralo por el lado bueno. Cuando algún día descanses sobre una mecedora recordarás todos estos momentos que te harán reír. Te harán darte cuenta de lo ingenua que eras en tu juventud. Y recordarás aquella etapa de tu vida como la mejor y la más envidiable. Desearás volver a ella con todas tus fuerzas. Pero, entonces, ya será demasiado tarde.
Por ello, disfruta el momento que se te presenta. Comete los errores necesarios que te hagan aprender, madurar. Eso sí. No olvides que nunca debes desprenderte por completo de tu infancia. Si lo haces, perderás una importante parte de ti. Conserva tu sonrisa infantil, tus carcajadas sin sentido. Nunca dejes a un lado esa preciosa mirada profunda, ni tu voz de cristal. Todo lo que hagas, todo lo que decidas quedará grabado en el libro de tu vida. Aquel que sólo tú firmarás. Sólo tú añadirás los detalles que creas necesarios. Recuerda, que un buen libro ha de incluir acción, intriga, diversidad. Una vida demasiado feliz, falta de momentos de decepción, resulta monótona. Por esta razón, no has de maldecir aquellos malos momentos que te suceden. Siéntete orgullosa, porque serán precisamente ellos lo que brinden emoción a tu vida. Ellos harán que desees superarte, buscar nuevas metas y enfrentarte a tus miedos.

Recuerda todo esto, pequeña, algún día te será útil. No todos tenemos la oportunidad de poseer un guía que nos asesore en nuestro camino. Tú sí. Seré yo. Yo seré tu guía. No importa lo lejos que me encuentre, yo siempre estaré contigo. Si me echas en falta, tan sólo grita mi nombre.

Wednesday, May 25, 2011

Se desvanecen las alas con las que creímos nacer. Los párpados de las palabras quedan vacíos. Los amaneceres cóncavos gritan mudos.

Y yo quiero volar. Chapotear el vals de los amaneceres ciegos. Bailar al ritmo del alféizar callejero. Saborear el tronco inequívoco de las esdrújulas sangrantes, que se disipan como alma en el cielo. Gramos de piel que lloran las heridas de amores ajenos. Retales insípidos que expulsan sigilosos aroma a infierno. El suelo bajo mis pies se derrumba. Mis esquinas saborean el sonido de mi ausencia. El fuerte de la distancia queda muerto. Vida que como cárcel sin pena queda desierta.

Déjame partir. Amor, te lo ruego. Necesito marcharme lejos. Lejos de estas calles, donde no se mida el tiempo. Donde el color del viento sea el de los placeres desenfrenados y el de la lluvia de fuego. Déjame libre o viviré como frescor sin aliento, lirio sin agua o marioneta sin dueño. Tan sólo quiero olvidar. Tan sólo durante un tiempo…

Siembre te extrañaré en cada almohada de los abriles de enero...

Saturday, February 26, 2011

A veces quisiera ser una esponja. Una esponja para absorber todo lo que alrededor de mí sucede. Hacer de mí un mapa de sonidos, un baúl de imágenes, un fondo de recuerdos. Coleccionar miradas. Archivar sonrisas. Clasificar momentos. Guardarlos en un cajón infinito para que cuando deje esta linda ciudad pueda sentir que sigo en ella. Revivir situaciones. Escuchar las voces de los que un día me amaron. Visionar rostros, poder casi hasta tocarlos con las yemas de mis dedos. Sentirlos cerca. Construir una burbuja de emociones en la que evadirme en cualquier momento, en cualquier lugar.

En Viena, Berlín, Sydney o Budapest. Allá donde nadie más esté...

Sunday, December 19, 2010

Bailando sobre hielo fino

Y, de repente, vuelven a ti. Sin avisar. Se cuelan en tu cabeza y en tu mente sin previo aviso. Te bombardean esos momentos que creías tener escondidos y sobreenterrados. Aquel primer beso en medio de aquel jardín. Vuestra canción. Vuestros lugares. Vuestras palabras. Todas esas secuencias que tú convertiste en blanco y negro y que ahora recobran todo su color. Puedes sentirlo. Puedes incluso oíros hablar. Es entonces cuando esa maldita voz te hace recordar quién eres y todo lo que llevas dentro, destruyendo la barrera que te permitía mantenerte en pie. Ese momento te hace recapacitar. Darle vueltas a todo. Volver a hacerte preguntas absurdas. ¿Y si, después de todo, debería dar un paso atrás? ¿Y si éste es el camino equivocado? Pero, poco después, te das cuenta. Vuelves a ti. Te percatas de que todo esto era efecto de una bonita película. De esas que te hacen soñar. Esas películas que te recuerdan a ti. Te das cuenta, entonces, de que tu elección ha sido la acertada. Porque, al fin y al cabo, el daño sigue ahí. La estaca que él más de una vez te clavó en el pecho sigue intacta. Vuelves a tu vida. Decides seguir adelante. Bailando sobre una capa de hielo fino. Dejando atrás todo aquello que un día tuviste y que hoy no tienes. Aquello que entonces dibujaba en ti una sonrisa y que ahora, sin embargo, te hace llorar. Llorar por dentro, porque prefieres que todo eso se quede así. Petrificado.

Wednesday, September 15, 2010


Aquella mañana ambos desayunaron café de palabras mudas. Los miles de kilómetros que les separaban no eran ningún obstáculo para que de alguna manera sintieran una inevitable conexión de sus almas inhóspitas. Habían decidido guardar silencio aparentando ser fuertes, cuando en realidad se deshacían por dentro.

Ella miraba todas las mañanas al despertar aquella foto que consiguió inmortalizar uno de sus besos. Besos con los que después de aquel día había soñado repetidas veces. Ya no la quedaban lágrimas que derramar sobre aquella imagen, por lo que en vez de lágrimas decidió navegar entre recuerdos. Fue entonces cuando tomó su maleta y marchó durante un tiempo para intentar olvidar.

Él la imaginaba tumbada sobre su cama todas las noches con sus vaqueros oscuros, su camiseta escotada y su sonrisa infantil. Buscó sus labios en los de otras mujeres, su perfume en todas las plantas, su voz en los desiertos de Oriente sin dar apenas resultado.

Vivían sin ser conscientes atados el uno al otro. Sus almas les pertenecían. Sin embargo, se dejaron llevar e imaginar un reencuentro que nunca tuvo lugar.

Monday, June 28, 2010

La esperanza ha sido mi gran e insuperable enemigo. Como cuando sabes el desenlace de un libro que todavía no has acabado. Tienes la ineludible esperanza de que no sea así, tal y como te lo han contado. Pero, sin embargo, una vez que llegas a él puedes comprobar por tí misma que, efectivamente, tenían razón. Lo sabías. Claro que tú lo sabías. Pero era mejor confiar en que las cosas se tornasen a tu favor.

Tú sabías a la perfección cómo sería tu final. Aun así, te engañabas constantemente a tí misma soñando con un desenlace feliz, en balde. Maldita esperanza que me persigue. Ahora, esta eres tú. ¿Decepcionada? No deberías estarlo. Era de esperar. No obstante, preferías vivir en tu burbuja inexorable, ajena al espacio y al tiempo, hasta finalmente presenciar con tus propios ojos el momento que ya habías profetizado.

Te veías madura, fuerte, perjurando, asegurando que todo esto no te destruiría. Decías crear cuatro paredes intransferibles de acero a tu alrededor, que, sin embargo, resultaron ser de cristal. Ahora, hechas añicos todas ellas, comienzas a tomar conciencia de tu propia vida y buscas impacientemente lugares idóneos en los que echar a volar.

Ésta es tu vida. Ésta eres tú y nadie más. Eres tú quien construye tu propia historia.

Wednesday, June 23, 2010

Las horas pasan a un ritmo desmesurado mientras que mi corazón dejó hace tiempo de latir. Y es que desconozco su paradero. Ignoro su destino. No sé nada de él. Dónde se habrá escondido. Con quién estará en este instante. Tendrá sus razones, piensas ingenua. Sin embargo, el trasfondo de tu corazón desprende desconcierto. Siempre sueñas con que en todo momento se acuerde de ti. Cuando mire las estrellas que vea tu rostro en una de ellas, en la más brillante. En un día gris se pare a pensar en ti frente a aquella foto que os hicisteis juntos.

Películas. Cuentos. Fantasía. Malditas leyendas que nos hicieron crecer haciéndonos creer que nuestra vida sería fácil. Ahora, que ya tienes uso de razón, todo te parece un camino empedrado y serpenteante, infinito. Una vez te pareció rozar el cielo con las yemas de tus dedos. Ahora, mírate. Desplomada. Hundida. Perdida en el pasado. Nadando entre mareas de recuerdos. Imágenes, voces, escenas que bombardean tu cabeza y que te gustaría olvidar, pero que es imposible. Aquella sonrisa. El vaivén de sus ojos desnortados. Aquel abrazo inusitado. Aquel paseo sin rumbo. Al fin y al cabo él. Le odias, pero a la vez le quieres. Le odias porque te hace sufrir. Porque te corta la respiración. Le odias por hacer que le quieras locamente. Y piensas entonces qué fue lo que hizo para que te robara el corazón de aquella forma. ¿Fue el hilo de su melodiosa voz? ¿Fueron aquellas pupilas que en silencio no paraban de hablarme? No lo sé. Confías en oír el sonido de tu móvil, oírlo vibrar. Es más, estás tan obsesionada con ello que te parece oírlo, en balde. Sé realista. No está. Al menos junto a ti. Todo se acabó. De nada sirve recordar lo que en otra vida pasó. “Lo pasado, pasado está”. Cómo odio esa frase. Nuestra vida está hecha de retales del pasado. Nuestra vida está hecha de momentos. Momentos álgidos y momentos en los que deseas rendirte y morir. Es hora de pasar página en el libro de tu vida. Es hora de echar a volar.